sábado, 27 de diciembre de 2008

(coloresentusojos)


No hay para qué explicarlo. Había algo en mis brazos que antes no había sostenido. Había un mundo fuera de todo el mundo conocido que era igual, y distinto.

Habían pasos que anunciaban secretos.
Habían ecos en las risas.
Habían contradicciones en las miradas y profundidad en todo lo simple.
Había una multitud insignificante rodeándonos, que veía todo sin entender nada.
Un ayer entero donde caminamos ... y construimos.



Quería entregarte el invierno, los rincones del tiempo, la flor que brotaba siguiendo los gestos de nuestras manos. Y así, con esa misma energía, necesitaba imperiosamente oírte y saber que reconocería tu voz antes que cualquier otra.

Quería (y acaso me suena a quiero todavía) ver otro cielo emerger de tus ojos. Contemplar ese sol poniéndose una, dos, indescifrables tardes.
Apartar los miedos... Y borrar los reflejos y espejismos.

Quería conservar todas las fotos que olvidé tomarte. Extender un minuto en una hora y así lograr sostenerte, aunque fuese mentira. Aunque no hubiese respuesta alguna que llenara los abismos.

Quería que, pasara lo que pasara, siguieras allí . . . aunque no fuera conmigo.

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